La pasaeta: Familias de antiguos ganaderos de Crevillent

Antiguamente en Crevillent era cuantiozso el ganado caprino. La población mayoritariamente se abastecía de leche de cabra. Había muchas familias que subsistían gracias al negocio de la venta de leche y queso fresco, manjar que se realizaba con esta extraordinaria materia prima.

Muchas de estas familias se dedicaban a ejercer al noble oficio de pastor y un gran número de ellas lo hacía por herencia, pues sus antepasados ya lo venían ejerciendo.

Bastantes eran los que, cuando las necesidades se hacían insoportables, se hacían ganaderos como solución ante la penuria, haciendo honor al popular dicho crevillentino que dice: “aixó, te compres quatre cabretes i a viure!”.

Entre las familias dedicadas a este oficio podemos mencionar a : “Els Marchanteros”, “Els Macarenos”, “Els Roxíos”, “Els Carafals”, “Els Memòries”, “Els Ferreros”, “Els Canyahuecos”, “Els Boles”, “Els Cabreres”, “Els Patanetes”, i “El Tano el Fernando”, “El Luis el Albaranero”, “El Diego el Abanillero”, “El Bigotillo”, “El Surdo”, “El Víctor el Culòn”, El Paco, apoda’t “El Marica”, “El Manzanilla”, “El Devesa”, “El Natividad”, “El Espinosa”, “El Lluís el Coco”, “El Pipa”, “El Coixo el Pallissa”, “El de Villa Rosa”…entre otros.

También existían los ganados de cabras de monte o “chivos”, los cuales eran numerosísimos y se mantenían en la sierra alta. Ejemplos de este tipo de ganado eran el del “Coto del Memòria” o el ganado de “La Hoya” o “del Raig”.

Cuando yo era un crío de 4 o 5 años acompañaba a mi padre a pastar el rebaño. Recuerdo que cuando caía el atardecer los pastores regresaban al pueblo con su ganado. Mientras transitaban por las calles crevillentinas en busca de sus respectivos corrales era precioso escuchar el tímido balido de los cabritillos que habían nacido aquel mismo día. Muchos en brazos del pastor, llamando a su madre, la cual respondía balando con tono potente, como queriendo tranquilizar al pequeño.

Me gustaría que este escrito fuera un reconocimiento a toda esa gente que se ha dedicado a este noble oficio. Y un homenaje a aquellos tiempos que, aunque difíciles, fueron muy felices. Tiempos en los que no era tan fácil como hoy conseguir cosas materiales, pero sí gozar del aire limpio y puro, disfrutando de la plena libertad a lo largo y ancho de nuestra querida sierra. Personalmente, daría lo que fuera por volver a pastar mi rebaño por esos queridos parajes. Joaquín González Durán




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