La pasaeta: Antonio Martínez Ferrández, “El Campillo”

Hoy quiero hablarles de Antonio Martínez Ferrández, un amigo de mi pandilla juvenil. Por el nombre quizás no les suene mucho, pero si decimos “El Campillo” será más fácil recordarlo, sobre todo para los vecinos del Barri del Pont. Pertenecía a una humilde familia muy trabajadora. Su padre ejercía el oficio de “solero”, ya que confeccionaba suelas de cáñamo.

Mi amigo Antonio era persona de carácter bonachón y contaba con una peculiaridad: ya desde niño poseía una voz muy aguda, tanto como la de un hombre mayor. Su padre lo inició en el negocio de la venta ambulante del carbón, y mi amigo “El Campillet” que aparte de ser bueno era muy pillo, al verse con alguna pesetilla decidió esconder la sisa en una de las orejas del asno que tiraba del carro. Al llegar a casa su padre era el encargado de desenganchar el animal y meterlo en la cuadra y cuál fue su sorpresa al ver que el burro agachado no dejaba de mover una oreja como si algo le molestara. Muy sorprendido quedó el padre al encontrar allí dentro un par de pesetillas de papel de la época y raudo fue y preguntó a su hijo: “Xè, astó que és?”, a lo cual “El Campillet” le respondió con su voz grave: “Pare….es que entoces… ¿com he de comprarme jo tabaco?”.

En otra ocasión se dio la circunstancia de que falleció el padre de uno de los amigos de nuestra cuadrilla, por lo que todos decidimos ir juntos al entierro para mostrar nuestras condolencias a la familia. En la despedida del duelo, el bueno del Campillet observaba que todos se acercaban a los familiares del difunto y estrechaban sus manos murmurando alguna palabra que él por más atención que puso, no logró descifrar. Así que, cuando llegó su turno, ofreció su mano y espetó con su potente vozarrón: Enhorabona!, llegando a oídos de todos los que allí estábamos que asombrados le preguntamos: “Xè, però qu‘has dit?…i mos diu: “Xè, però jo que sè, jo he vist que tots donaveu la mà i díeu algo així com Uuuuuuu…”.

Otro día que tenía que recoger paja para el burro decidió salir al campo y allí donde vio un pajar se acercó y llenó su carro con unos cuantos sacos. Alguien lo vio y se lo comunicó al dueño de la finca el cual dio parte a los guardas de campo para que le dieran un toque de atención. Y éstos le dijeron al Campillet: “Pásate per la Hermandad de Llauradors i Ganaders que el Tío Mateu vol parlar amb tú”. Aquello puso muy nervioso a nuestro amigo, pues el Tío Mateu había sido Guardia Civil y esto infundía mucho temor y respeto en aquella época. Fue, y el Tío Mateu le dijo: “Vamos a ver Campillet: ¿Tú te has traído la paja de la finca?, a lo que Antoniet asintió sin dudarlo y con voz asustada: “Sí, sí…me fea falta per al animal i me la vaig emportar”.

El Tío Mateu le ordenó ir a hablar con el dueño de donde recogió la paja y hablar con él, pedirle unas disculpas y arreglar el desaguisado, pero, al llegar donde el propietario y preguntarle este si había sido él quien se había llevado la paja de sus campos, el Campillet salió por peteneras y le dijo muy serio: “Tío Vicent, jo no he segut”.

Asombrado por la respuesta, el dueño le dijo: “Pero no habies dit al Tío Mateu que sí habíes segut tú?”, a lo que nuestro amigo le respondió sin inmutarse: “Collons! Cualquiera li fa la contra al Tío Mateu, (a quien le tenía un miedo reverencial), i ademés, tenía presa perque estaven aguardan-me els amics per anar al Chapí que feien una de pistoleros….i li vaig dir que sí, peró jo no he segut, eh?!”.

Mi más sincero recuerdo con cariño a éste y todos aquellos amigos de la infancia con quienes compartí tan buenos momentos.

Joaquín González Durán

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