Curiosidades: Racionamiento alimenticio durante la Posguerra

Mucho hemos oído, leído y visto en películas sobre el racionamiento alimenticio durante los duros años de la postguerra civil española.

Sin embargo los hechos que vamos a relatar son un testimonio de primera mano de quién vivió y estuvo involucrada en primera persona en el ejercicio de aquella actividad: Dª Dorotea Fuentes.

En aquellos años Dorotea era una niña de corta edad y ayudaba a su padre en el despacho de patatas en un local habilitado para ello en la actual calle Médico Lledó.

Lo que nos cuenta Dorotea ocurrió a mediados de los años 40. En esos años la comida estaba racionada. Para tener acceso a ella se sacaba una cartilla de racionamiento en las oficinas del Ayuntamiento. Esta cartilla se concedía a título individual y una de las formas de obtenerla era a través de la tienda de comestibles de donde se pensaba abastecer el beneficiario de ella.

tabacoCuenta Dorotea que: [… la gente iba a la tienda de comestibles más cercana y le decía a la tendera: quiero tener la cartilla de racionamiento en tu tienda. Le daban los nombres del matrimonio y los hijos. La tendera iba al Ayuntamiento con la lista, daba los datos y le entregaban las cartillas. Después la tendera los rellenaba con los datos de los beneficiarios. Con estas cartillas se tenía derecho al suministro de unas cantidades limitadas de arroz, azúcar, aceite, legumbres y jabón…]

Con la misma cartilla se tenía derecho a una cantidad de patatas, pero éstas se expedían en el local arriba mencionado de la calle Médico Lledó. Allí se vendían exclusivamente las patatas y a cargo de ello figuraba D. Manuel Fuentes, padre de Dorotea, a quien ella, con su corta edad, ayudaba. […mi misión era cortar el cupón de la cartilla y cobrar, y mi padre pesarlas y servirlas…]

Otro dato muy interesante que recuerda perfectamente Dorotea es la cantidad y el precio a la que daba derecho la cartilla […3 kgs. por cartilla a 0,20 cts. Kilo…]

Conviene aclarar que los comestibles a los que daba derecho la cartilla de racionamiento había que pagarlos, pues fuera de lo autorizado en ésta no había nada a la disposición del público.

En los casos de que algún beneficiario de la cartilla no necesitase el artículo en la fecha que le correspondía, lo cedía a otro para que este lo aprovechara.

[…La persona que tenía la concesión de la distribución de las patatas era D. Antonio Boyer Escolano, propietario también del local donde se despachaban…]

cartillaLa avalancha de mujeres para recoger las patatas, el día que las había, era enorme y las colas interminables. Por ello […mi padre ordenó hacer una cola para las mujeres embarazadas y así las iba intercalando…] Con este sistema las mujeres embarazadas permanecían mucho menos tiempo a la espera.

Hubo alguna listilla que siempre se ponía en la cola de las embarazadas, hasta que el paso de los meses, y la ausencia notable de abultamiento de su vientre, hizo patente el engaño.

Además de los comestibles estaban también racionados el tabaco y la gasolina. Estos tenían su cartilla independientemente de la de comestibles. Entendemos el racionamiento del tabaco, pero es más difícil de concebir el de la gasolina, pues en aquellos años nadie disponía de vehículo para su uso particular. Se debe entender que la gasolina estaba racionada sólo a los profesionales, taxistas, transportistas…

La calle Médico Lledó fue el mercado central durante algunos años. Luego pasó frente al cine Iris y una vez terminada la construcción de la plaza de abastos todos los comerciantes se trasladaron a ella.

A los pocos meses de inaugurarse este nuevo mercado se terminaron las cartillas y con ello el triste periodo del racionamiento.

Vicente Fuentes




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