Curiosidades: Los desplazamientos

Con toda seguridad que a ustedes les ocurre lo mismo que a mí. Cuando se rompe el electrodoméstico que creía haberlo comprado hace un año, le muestran en la tienda el documento firmado por usted en el que se confirma que lo hizo hace tres años y medio, y por lo tanto la garantía ya no es válida.

No queda más remedio que repararlo, pues posiblemente sólo habrá que cambiar la bomba del agua. Por lo menos eso es lo que dice el vendedor. Es lo más normal que se rompe en este tipo de lavadora. Todo lo demás es electrónico y no se rompe ni a tiros. Además, la bomba del agua es lo más barato, son sólo 30 ó 35 euros.

Bueno, no parece muy caro; mejor esto que comprar uno nuevo. Se confirma la orden de reparación. Le advierten en la tienda que como vendrán directamente del servicio oficial de la marca, tendrá usted que pagar la reparación expresamente a ellos en el momento de hacerla. Sin problemas, responde usted.

A los pocos días le llaman por teléfono del servicio oficial comunicándole que irán a su casa al día siguiente. Efectivamente, a las nueve de la mañana se presenta en el domicilio de usted un joven completamente equipado con herramientas de todo tipo y un maletín que contiene un ordenador portátil que, según él, le ayudará a predecir con total exactitud la avería.

El ordenador se conecta a la lavadora y en la pantalla aparecen unos gráficos y columnas de colores que suben y bajan. El técnico se coloca unos auriculares que, según dice, le van a decir el origen del problema. A los tres minutos, ni uno menos, oigan, el técnico se saca los auriculares, desconecta el ordenador y da el diagnóstico: hay que cambiar la bomba de agua. Esto ya se lo había dicho el de la tienda, pero estos tres minutos viendo en acción a un profesional de la mecánica, electrónica y nuevas tecnologías, todo junto en una persona, han valido la pena.

Una vez cambiada la bomba del agua en una operación rapidísima que duró unos diez minutos, pulsó una tecla del ordenador y en una diminuta impresora que llevaba consigo apareció la factura de la reparación con mi nombre, dirección completa y hasta con el maldito IVA.

Sin embargo me llevé una sorpresa. El coste de la reparación estaba dentro de lo previsto. El IVA no, aunque debí suponerlo. No obstante figuraba otro cargo: el desplazamiento. Por este concepto se cargaban 35 euros. Quedé bastante perplejo con este otro gasto y me atreví a preguntarle al eminente técnico si es que se había desplazado de Alicante para reparar sólo mi lavadora ¡Qué va, eso faltaba! Tengo nueve avisos más en esta población que los realizaré antes de las cinco de la tarde.

¡Pero qué latrocinio encubierto es esto, sólo por desplazamientos esta empresa se va a embolsar 350 euros en un día! Lo serio, lógico y hasta honrado sería que el desplazamiento se distribuyera entre los clientes que van a visitar ese día. Pero mientras las asociaciones de consumidores, o los propios particulares lo consintamos, esto seguirá siendo así. Pienso que cuando compremos un electrodoméstico deberíamos tener la posibilidad de exigir que cuando se averíe, el gasto se reparta entre todos los que visiten ese día. Misión imposible. Vicente Fuentes Fuster

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