La pasaeta: La devoción de un pueblo a un santo pastor

SP2

Recientes las fiestas en honor a San Pascual Baylón, desde estas líneas es mi deseo dar a conocer la vinculación de este Santo con nuestra población y hacerles sabedores de algunos datos curiosos sobre su vida. Fue desde niño muy religioso, como su madre, hasta el punto que desde muy pequeñito se sintió atraído por vestir los hábitos. En aquella época era usual ver a niños vestidos con hábito de monje por promesas que hacían sus mayores. Aquí en Crevillent solían vestir con túnicas del Nazareno o el Rescatado. Así mismo, a personas mayores, hasta no hace mucho, podíamos ver por nuestro pueblo vistiendo con hábitos por alguna promesa hecha.

Pascual fue pastor desde niño pues su padre lo inició en este duro oficio en el pueblo de Alconchel, próximo a su Torrehermosa natal. Siempre fue honrado y consecuente, muy justo y solidario con sus compañeros. Hasta el punto que solía llevar un librito donde apuntaba el dueño de las fincas en las que su ganado podía entrar por error en algún sembrado, con el fin de resarcirle de los daños causados, cosa que hacía a veces con dinero de sus propio bolsillo, y otras, ayudando al dueño en la siega pues solía llevar siempre una hoz en su zurrón. Ya con 18 años, Alconchel se le quedaba pequeño y tras la muerte de su madre, y llegado el tiempo de la trashumancia, pensó que era el momento de partir. Había que llevar el ganado hacia Andalucía. Tras pasar por Almansa y saber que necesitaban un pastor en Monforte del Cid, allí que se fue, trabando amistad por su forma de ser con muchísima gente. Siempre llevaba el ganado cerca de la Ermita de la Virgen de Loreto y por los alrededores de Orito pues estaba muy admirado de la vida que llevaban los frailes y le atraían poderosamente. De aquí pasó a Elche a las órdenes de D. Bartolomé Ortiz quien tenía un ganado muy grande, lo que hizo que llegara hasta nuestra población tomando conocimiento de toda nuestra sierra e incluso hasta la Vega Baja. Y es aquí donde se encuentra con los frailes Alcantarinos que estaban fundando convento en Orito y en Elche, quienes pertenecían a la Orden Franciscana y que pretendían ser más consecuentes con la vida de San Francisco y con el Evangelio para lo cual llevaban a cabo una reforma de mayor austeridad y contemplación, siguiendo los pasos de San Pedro de Alcántara. Esa sí era la vida que Pascual siempre había querido vivir y por eso pidió el ingreso en el convento de Orito pero como el Custodio que tenía que recibirlo se encontraba en Elche, lo mandaron allí y en Elche tomó el hábito el 2 de febrero de 1564. Un año más tarde, pasó a Orito.

Ya dentro del Convento ejerció la profesión de limosnero, y desde Orito salía por los pueblos de Aspe, Elche, Crevillent y la Vega Baja, donde la gente lo conocía ya de su época de pastor. De aquí viene la vasta devoción por estas tierras a este Santo y la tradición de los peregrinos que atraviesan nuestras tierras para ir a la cueva del Santo por estas fechas todos los años.

SP1Al llegar a Crevillent a pedir limosna, lo primero que hacía era visitar al párroco del pueblo para pedirle su bendición y visitar al Santísimo. Después iba casa por casa llamando a la puerta y diciendo: “Loado sea nuestro Señor Jesucristo. Paz a esta casa. Una limosna a los frailes de San Francisco”. No sólo pedía limosna sino que salía a compartir todo lo que tenía. Su oficio de portero le permitía ser las manos generosas siempre abiertas a dar pan y cariño. Cuentan que en el único convento en el que no le gustaba ejercer de portero era el de Orito porque al estar alejado del pueblo, hasta allí no solían acercarse los pobres a pedir. Aquí en Crevillent ha habido mucha devoción por este Santo, sobre todo entre las familias de pastores. Y de generación en generación han ido transmitiendo historias y milagros que vinculan a San Pascual con los crevillentinos.

Cuentan nuestros mayores que cuando iba de limosnero y venía a nuestro pueblo casa por casa, fue invitado por una humilde familia para pasar la noche en una de las habitaciones de su cueva. Con el paso de los años la cueva se convertiría en casa, y de padres a hijos se transmitió la historia de que al fondo de la cueva, en la pared de la última habitación, había una estaca donde San Pascual colgó su “gallao”, aquella noche que pasó en nuestro pueblo. En la actualidad, dicha casa se mantiene en pie. En su fachada existe una capilla con la imagen del Santo y a la calle donde se encuentra se le dio el nombre de San Pascual. Joaquín González Durán




coded by nessus

Related posts:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *