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La pasaeta: Anem a Santa Àgueda!

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En la década de los 40 cuando aún resonaba en las mentes el fin de las guerras civil y mundial, a pesar del hambre y las penurias, en los primeros días del mes de febrero en Crevillent siempre se escuchaba el comentario: “Tenim que anar a Santa Àgueda”. Estas fiestas consistían en una romería que se realizaba en la vecina localidad de Catral. El viaje era toda una odisea. Los que disponían de carro se acercaban a la feria con el mismo, el que no disponía de vehículo lo hacia a pie, y los jóvenes que tenían bicicleta se acercaban con ella, y en algunas ocasiones encima de la misma se podían contar hasta tres ocupantes.

La pasaeta: Las Navidades de antaño

La Navidad de nuestra niñez, los niños de la postguerra, la celebrábamos con gran entusiasmo ya que había tanta escasez de todo que esos días los esperábamos impacientes. Con bastante antelación, toda la chiquillería hacíamos comentarios sobre la cena de Nochebuena y la comida del día de Navidad. Eran todo un acontecimiento extraordinario. El típico comentario era: “ma dit ma mare que el día de “Nal” té que fer un olla gran de pilotetes”.

La pasaeta: Se abre la veda en la sierra

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En esta época de Otoño en que se abre la veda y los cazadores toman nuestra sierra, los aficionados a este deporte solemos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, o al menos, eso me sucede a mí. Antaño, éramos una gran cuadrilla de las muchas que había. Comenzábamos la temporada con una gran celebración, por supuesto alrededor de la pertinente “perola d’ arròs” en la Canyà.

La pasaeta: La Semana Santa de los 40

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Para los niños de aquel entonces, la Semana Santa era el mayor acontecimiento que podían conocer. En la imagen adjunta se plasma la tarde de un Viernes Santo de la época en la Plaza Chapí. Donde podemos observar a un grupo de niños embelesados ante el trono de las Tres Marías y San Juan. Lo que más nos llamaba la atención era la corona de la Virgen María, ya que se trataba de un tubo cilíndrico del que brotaba una luz, pero no era ninguna bombilla. Aquello nos asombraba enormemente, pues nunca antes se había visto.

La pasaeta: José Alfonso, el Tío Toret

PESETAVolviendo a los personajes crevillentinos evocados por mis recuerdos me viene hoy a la mente el “Tío Toret”, cuyo nombre era José Alfonso Egea, personaje muy conocido en Crevillent y en las poblaciones cercanas. Se desplazaba con un armatoste que llamaba mucho la atención. Aquello era una bicicleta corriente a cuyo lado derecho llevaba adosado un artilugio ideado por él mismo y confeccionado por el “Tío Jaume” el de les bicicletes, con forma de sidecar o de barca y con una rueda incorporada. Allí llevaba toda la mercancía que iba vendiendo y que era de amplísima variedad: desde gafas para la vista, pasando por agujas, botones, hilo “de filaó” muy apreciado por esta zona, esterillas de pleita, peines, hasta piedra y mecha para los mecheros.

La pasaeta: Si vas a Calatayud…

Hubo un tiempo en que en Crevillent gobernaba un Alcalde “demasiado recto”. Supongo que era debido a la época y a las peripecias que se atravesaban en aquellos años, pues había en todos los vecinos un grandísimo respeto a la Autoridad.

A este Alcalde, como a todo buen vecino, le gustaba pasear por el pueblo, visitar a los amigos, tomarse unos chatos de vino y recorrer las calles, aunque fuese de noche.

Inspeccionaba personalmente que todo estuviera en orden; que si esta acera, que si este jardincito, que si tal plaza…

La pasaeta: Els “aiguaós” de Crevillent

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En los tiempos en los que en Crevillent todavía no existía la red de agua potable el pueblo se abastecía de la acequia de La Font Antigua. Entonces hacían un papel fundamental los aquí llamados “aiguaós”. Estos iban vendiendo el agua por las casas, cargados con pesados cántaros y al grito de : “aigua del forat…”. El motivo de esta consigna era que ese agua que venía de la sierra, de la mina por conducto subterráneo, afloraba a la vista por primera vez en el estrecho del forat y por eso allí era la más limpia, porque después discurría por acequia abierta en su transcurso hasta el pueblo y en el camino la gente ya la usaba para lavar, bañarse o incluso como abrevadero de animales. Por eso era una garantía de pureza que se obtuviese del Forat.

El Forat quedaba a la altura dels Pontets, justo enfrente, donde todavía se puede apreciar en la roca el Forat desde donde cogían el agua. Si nos paramos a pensar, ¿quién no ha pasado en su niñez por el pasadizo de la acequia y no ha sacado la cabeza por el Forat?

Los nombres de los últimos “aiguaós” que hubo en Crevillent son los de “El Pepe El Bollite” y el “Tío Gargori” a los que podemos ver en esta fotografía de la época (foto de la izquierda) portando uno de ellos el agua con una carretilla y el otro con una borriquilla con los cántaros en las alforjas.

Todavía, a veces, podemos escuchar a los más ancianos del lugar este dicho cuando alguien sirve algún líquido: “pósame una chorraeta més,” y el otro contesta: “sí, la chorraeta del Tío Gargori”. Cantidad de más, que se echaba por cortesía. También, desde el Forat se aprovechaba el curso del agua para generar energía hidraúlica con la que mover los seis molinos que existían en el trayecto desde Els Pontets hasta el pueblo. La Font Antigua, ha sido pues la generadora esencial de vida para la población crevillentina. Joaquín González Durán